Mackenzie sintió el suelo temblar. Él tiró del plástico sobre el que pisaba y ella perdió el equilibrio y salió por los aires. Entonces, el hombre lanzó a la mujer desnuda en dirección suya, y aterrizó sobre ella. Mackenzie, confundida, estiró la mano y se sacó a la mujer frenética de encima, pero para cuando lo hizo, el hombre ya venía a por ella, dando puñetazos. Estaba medio levantada cuando le dio a Mackenzie directamente entre los ojos y la envió de vuelta al suelo. Cuando cayó al suelo, Mackenzie pudo echar el primer vistazo al asesino. Tenía unas cuarenta y tantos años y estaba parcialmente calvo. Tenía los ojos de un azul eléctrico y tenía el aspecto de un animal enfurecido que había estado demasiado tiempo en cautiverio y que conocía muy bien el sabor de la libertad. Era bajito

