—Nos vemos, Marbe; que disfrutes tu fin de semana. —Tú igual, Alejandro; hasta el lunes. ¿“Marbe”?… Sí, no hacía mucho que sus compañeros de la oficina habían dejado de llamarla “Mar” o “Bella”, a ella le daba igual; su nombre se escribía “Marbella”. —Hasta luego, Marbella. —Adiós, Cleo; que descanses… Las mujeres, en cambio, la seguían llamando igual, las que le seguían hablando, porque más de una dejó de dirigirle la palabra, otras se volvieron más distantes en su trato. Un par de “despistadas” de pronto quisieron hacerse muy amigas suyas, una de ellas incluso comenzó a acosarla abiertamente ya que quería que fueran algo más que amigas. Tuvo que marcar su raya de manera bastante ríspida. Tras cerciorarse de que la oficina se había quedado vacía, programó la alarma, apagó la luz y c

