Katherine paseaba aturdida por la nave. No sabía qué le había pasado anoche. Había empezado el viaje con repulsión por el incesto desenfrenado que la rodeaba, y luego había crecido hacia la fascinación morbosa. Ahora que la gente empezaba a follar abiertamente, en todas partes, no podía negar el calor persistente entre sus piernas. Sin pensar en lo que podía ocurrir, se quitó la ropa de dormir y, con su padre dormido a su lado, se masturbó furiosamente con los dedos hasta alcanzar su primer orgasmo desde que embarcó en el crucero. Al ducharse tras el clímax, se dio cuenta de lo que había hecho. Su padre se había quedado dormido, pero... ¿y si no lo hubiera estado? ¿Qué clase de pervertida pensaría que era? A menos que, en la intimidad de su camarote -o en cualquier otro lugar donde ella

