Ethan
Por el afecto que sentía y agradecimiento, sobre todo, es que acepte el disparate de unirme a Sia, ya había pensado en ser el mejor elemento que Angus tuviera en su corporativo, esto me parecía que era una extensión de ese objetivo.
Sia poseía una belleza que heredó de su madre, compartía rasgos con Angus, pero eran los menos, lo que más resaltaba era ese azul grisáceo de su mirada. La vi crecer y cada etapa me parecía que ella adquiría una singularidad y más porte.
Al dejarse ver por aquella puerta, no pude evitar apreciar lo mucho que se parecía a las fotos que Angus atesora en su estudio en casa.
Este era el día que Angus me pasaba por completo la responsabilidad de su hija, porque ese era el plan, mejorar su imagen, aparentar que se volvería una mujer nueva al casarse con alguien tan apretado como yo, así me consideraba ella.
Un evento express que parecía ya tenía orquestado antes de hacernos firmar ese dichoso acuerdo. Y que sirvió para que la prensa empezará a construir la nueva imagen de Sia, los principales medios fueron invitados, las red.es soci.ales pronto estuvieran saturados de la nueva faceta que requeríamos.
Y yo bailaría al ritmo que Angus dictara, por el momento…
Luego de las fotos, el baile, Sia se fue a vagar por el lugar, no tenía ningún interés en estar presente en nuestra fiesta de compromiso, para mí era una gran oportunidad para socializar, sin embargo, ella, se ocultó de la vista de todos recluyéndose en una habitación.
Debíamos dejar el sitio como la feliz pareja que éramos y fue necesario ir a sacarla de su escondite, lo que encontré ahí fue a una fierecilla huraña y dispuesta a desgarrarme las vestiduras al intentar acercarme.
— ¡Déjame sola!, aquí no puedo dañar la valiosísima reputación de nada, ni nadie — vocifero molesta.
— Solo pon tu mejor sonrisa, para poder retirarnos — le pedí antes de abrir la puerta.
— Sí, claro, para ti es muy fácil, pero no te me pegues tanto — me rezongó.
— Si cooperas un poco, te recompensaré — torció los ojos.
— ¿Crees que tratas con una niña?
— Pues así te comportas, ¿qué quieres que piense? — me desplace hasta levantarla del sofá en el que se encontraba, tomé su brazo y lo engarcé con el mío — ¡compórtate!, te estoy liberando del tormento, ¿o prefieres seguir aquí? — le advertí, algo fastidiado de su comportamiento hostil y hasta cierto punto infantil.
Solo resoplo y en el momento que abrí la puerta se puso una máscara que no le conocía, ella no suele fingir, es bastante transparente, nos pusimos en marcha despidiéndonos y agradeciendo su presencia de los que se cruzaron en nuestro camino. No lo hizo más agradable el hecho de que la mayoría le decían la suerte que tenía de haber encontrado el amor en un joven con mi talento y atractivo.
Al llegar nuestro auto, como un caballero le abrí la puerta y la ayudé a subir — ya quita esa cara de suficiencia, debes estar contento, todos adoran hasta el suelo que pisas — espeto con evidente veneno.
— Ese trato tú te lo pierdes, ellos te amarían si tan solo dejaras de comportarte como una delincuente.
Eso, basto para que se callara durante todo el trayecto a casa, en el segundo que el adjetivo salió de mi boca un arrepentimiento me invadió, a pesar de sus locuras nunca considere que fuera mala, eran niñerías, a mi parecer. No así para los ojos de los que estaban prestos a criticarla.
Al llegar no me dirigió la palabra ni me permitió seguir con mi papel de caballero, la seguí con la intención de ofrecerle una disculpa por la palabra que mal emplee, considere que me había excedido.
Al subir las escaleras, quizá no lo soporto más, volteo, forcejeo con el anillo en su mano y me lo aventó, sí, tenía una tendencia a lanzar cosas, por lo que ya sabía que había que esquivarlas o atraparlas, en este caso lo atrape.
— Ya sé que no te gusto, pero para tu pesar deberás portarlo, todos lo vieron esta noche y esperaran verlo siempre en tu mano — tome su muñeca, forcejeo, pero logre abrir su palma para poder depositar el anillo.
Pase por su lado y se me olvido lo de la disculpa, al llegar a mi habitación ya era tarde, porque escuche como azotaba la pobre puerta de su recámara.
Sia
Esto era el principio y él, ya había establecido como es que me veía, ¿delincuente? Estoy segura de que no sabe el real significado de dicha palabra, escucharla salir de su boca me enfureció, ¿cómo se atrevía a juzgarme?, él quien me quito todo.
Al desmaquillarme y deshacerme del peinado, venían e iban ideas, una de las cuales me empezó a parecer de lo más genial, yo cumpliría con mi parte, pero que haría Angus si su favorito rompía el acuerdo, ¿sería posible escabullirme de este suplicio?
Necesitaba hacer memoria y quizá indagar sobre lo que le disgustaba a Lloyd, hacer que no me soportara, que de su boca saliera que no se casaría conmigo.
Con ello en mente tomé una ducha y la sola idea me dejo con un sentimiento de felicidad, pues podía ser que funcionara, de ese modo fue fácil conciliar el sueño.
Angus
Debía hacer algunas modificaciones y una que otra intervención, había sido un principio magnífico, pero yo qué sé cómo está la verdadera situación pude ver lo disgustada que estaba Sia. No tardo en escabullirse, toda la noche no la volví a ver.
Al llegar a casa solo pude escuchar el intercambio tan ríspido que tuvieron, ella necesita bajar sus defensas o de nada servirá que los ponga a convivir.
Entre a mi despacho, me fui a sentar a mi escritorio para poder ver con calma los retratos que tengo de mi esposa, particularmente en una foto donde viste de gala, Sia se veía igual.
Me siento culpable porque por mi incapacidad de llevar mi duelo por la muerte de su madre, abandone a mi hija para enterrarme en el trabajo y es que verla me provocaba sentimientos dolorosos.
Fui un idiota, debí pedir ayuda para manejar mejor aquella pérdida, en vez de ello orillé a mi hija a la soledad.
Muy tarde quise retomar nuestra relación, la cual ya se había deteriorado.
No me arrepiento de haber traído a casa a Ethan, es un buen muchacho, de noble corazón, pero no era el mejor momento de hacerlo, o no sin hablarlo antes con Sia, ella lo vio como una imposición y como un desplazamiento.
Las circunstancias especiales de Ethan no me dejaron planearlo mejor, tal vez yo lo hice por mi necesidad de afecto, uno que desperdicie, pues Sia bien podía haber cubierto ese hueco.