Estaba de nuevo en Rusia. Rodeada de el paisaje que bien conocía, abriendo la puerta de mi apartamento con tranquilidad luego de tomar el celular y reportarme al trabajo. Marcaba el número de papá al empujar la puerta y, ¡Qué raro! escuché un timbre de teléfono en mi sala. Mamá, papá, y mis dos hermanos estaban ahí, esperándome. Los cuatro corrieron a abrazarme apenas me vieron y yo todavía estaba shockeada por tenerlos ahí. -¡Pequeña malagradecida, gracias a Dios estás bien!- dijo mi madre con su insulto de amor-odio que acostumbraba a lanzar- Te he extrañado tanto, Xari, Dios, no sé qué haría si algo te pasara. -Nada le pasará, nunca, jamás- dijo mi papá con tanta seguridad que incluso era tierno, él tomó mis mejillas y examinó mi cara- Luces tan bonita, hija- no pude evitar sonreír

