No tenía claro porque me interesaba tanto lo que pasara con Any, pero cada día bajaba de dos a tres veces al casino para verla.
Porque la verdad era que no iba a ver como andaba el negocio, sabía que fluía sobre ruedas, todo iba perfectamente bien.
Pero desde que Jack me dijo que muchos hombres rodeaban a Any, me quería asegurar que ninguno se pasara de listo con ella.
El imbécil que la perseguía seguía rondandola, pero ella sabía manejar de forma magistral la distancia, no solo con ese idiota, sino con los otros hombres.
Odiaba ver como la perseguían, para el negocio eso era excelente, pero para mí significaba un antiácido cada vez que regresaba a mi oficina. En especial cuando Jack llegaba.
— ¿Sabes que Max? Desde que esa belleza llegó al casino y la trasladaste al otro salón, las apuestas se han multiplicado.
Yo solo lo escuchaba fingiendo que eso no me interesaba.
— Deberíamos ponerla en el lugar de las máquinas eso…
—- ¡No!
— ¡Eso nos traería a más ilusos que gastarían su dinero solo por tenerla cerca como amuleto de buena suerte!
—Dije que no Jack, ella se queda donde ordené y no voy a discutir más el asunto.
— ¡Oh vamos Max! Ella es una mina, un imán para los hombres, debemos usar su belleza y encanto para…
— ¡Jack! … dije que no.
Mis palabras cayeron frente a él como una espada de doble filo, no había salida, yo había dicho no, y no iba a cambiar de decisión.
Cuando Jack se fue decidí no pensar en lo sucedido y ocuparme en mis negocios. Cuando era hora de que los empleados se fueran decidí dar un paseo por los pasillos casi vacíos, buscándola.
Cuando la vi, su amiga de nombre Sonya, la estaba tratando de convencer de salir con un tipo, ella insistía, pensé que terminaría convenciendola, pero Any no aceptó.
A su amiga no le gustó para nada la negativa de Any, pero a mi me hizo sentir muy bien.
Subiendo a mi oficina pensé: — Ella lleva un peso muy grande con lo de su madre, no sería justo que trabaje en su día libre…
—- Su amiga tiene razón, debe despejarse, salir… Pero no con ese idiota de Fredy, él no es digno de una mujer como Any…
Meditando, se me ocurrió una idea, Jack no estaría mañana, yo podría tomarme el día libre sin preguntas de adonde voy o con quien.
Así que tomando mi teléfono hice algunos arreglos y después llamé a Nick para contarle mi plan.
— ¡Eso sería maravilloso Max! La pobre chica lleva un peso muy doloroso en su alma, sería muy bueno para ella despejarse un poco.
Con el visto bueno de Nick me dispuse a tomar un día libre, algo que no había hecho en años.
Por la mañana llegué por Any, y la escuché hablar con Nick sobre su madre, se veía tan triste y a punto de quebrarse que sentí pesar por ella.
Decidí brindarle mi hombro para que llorara, lo necesitaba, y cuando le ofrecí mi apoyo y se abrazó a mí, desee protegerla, me dolían sus lágrimas.
Nick también estaba muy conmovido al escucharla llorar, la abracé fuerte, quería que no se sintiera sola en lo que vivía.
Ella lloraba desconsolada, cuando se calmó la escuché decir:— ¡Genial! Otra prenda cara que le echo a perder, voy a tener que vivir pagando mi deuda con él hasta en el otro mundo.
Era verdad, con el rimel de sus pestañas había manchado mi gabardina, me causó tanta gracia su actitud y sus palabras que empecé a reír secundado por Nick, que tampoco pudo evitar reírse al escucharla.
Sus mejillas se enrojecieron y muy avergonzada me pedía perdón.
Ella es un encanto. Le perdonaría todo.
Así que le dije que no se preocupara y le hice la invitación, por un momento pensé que iba a negarse, pero Nick me ayudó a convencerla.
Cuando ella entró a cambiarse yo miraba la puerta con algo de ansias. Eso a Nick le pareció gracioso.
— Es hermosa, dulce, de alma pura e inocente.
— Si, ella es así. – respondí sin quitar mis ojos de la puerta
— ¡Lo sabía!
— ¿Saber que Nick?
— Te gusta esa chica.
— No… claro que no.
— Pareces un adolescente enamorado Max Hedrong.
—- No digas tonterías Nick.
— No son tonterías Max, tú nunca has sido tan noble con alguien, solo conmigo y no estás enamorado de mí.
Escucharlo me hizo reír, hasta que la puerta se abrió y Any apareció. Se veía hermosa y no pude evitar decírselo.
Se me escapó de la boca, Nick sonreía divertido mientras yo me sentía expuesto y desnudo ante él.
Así que me despedí de él y me lleve a Any. Durante el viaje hablamos de su música favorita que casualmente era semejante a la mía.
El camino se hizo corto, cuando llegamos, la sensación de libertad y de cercanía con ella me hizo tomarla de la mano.
Cuando subimos a mi yate, yo deseaba que ella me viera como un gran capitán frente al timón, sentía su mirada y me gustaba sentirme admirado por ella.
Cuando me di cuenta que ya no me veía sino que miraba al delfín travieso qué muchas veces me había hecho sus jugadas, sentí celos de él.
Supuse que iba a querer jugar con ella, y no me equivoqué. Él estuvo a punto de tirarla del yate para jugar con ella en el agua, llegué justo a tiempo para evitarlo.
Ella se aferró a mis manos para evitar caerse, se reía, era feliz y yo también lo era.
La tenía en mis brazos disfrutando del calor de su cuerpo junto al mío y en ese instante le agradecí al travieso delfín comportarse así.
Él insistía en que ella entrara al agua con él, mientras yo la abrazaba más a mí, estaba encantado.
Olía el perfume de su cabello y de vez en cuando enterraba mi nariz entre su cabello y su cuello, mientras escuchaba su risa y su voz.
Quería besar sus hombros y lo hice, de manera muy disimulada, roce su piel con mis labios sintiendo cada vez que lo hacía una corriente eléctrica que cruzaba por mi cuerpo.
Le hablaba al oído y la apretaba suavemente, acariciaba sus dedos con los míos mientras hablábamos y ella se veía muy cómoda en mis brazos, y con cada una de mis caricias disimuladas.
Cuando llegó el atardecer y le pedí abrir sus brazos y sentir la libertad, yo no quise soltarla, mis brazos rodeaban su cintura, y mis dedos rozaron sin pretenderlo sus caderas.
Cuando ella se volvió hacia mí y me abrazó, aquello fue…
Muy difícil para mí, ¿Porqué difícil? … Porque en ese instante en mi cabeza me la estaba comiendo a besos en mi imaginación.
Por eso después la invité a tomar una copa de vino, pensando que eso bajaría el calor que sentía en mi pecho, pero no fue así, mis labios ardían de deseos.
Era hora de volver. De huir de lo que sentía.
La llevé a cenar a mi casa en la playa, y todos en el lugar pensaron que era mi novia porque yo siempre la tomaba de la mano, la trataba con cariño y nuestra conversación en la mesa fue natural y relajada.
Con Any me siento yo mismo, sin máscaras.
Cuando llegó la hora de volver, antes de entrar en mi auto, ella suspiró mirando el mar, se veía tan hermosa que la besé en la mejilla y en su frente, luego la miré fijamente a los ojos, deseando que me hiciera una invitación…
Una, aunque fuera pequeña, moría de ganas por comerme sus labios a besos, por volverla a sentir en mis brazos, esta vez, no de una manera disimulada, sino como un hombre al descubierto.
Pero aunque vi en sus ojos que lo deseaba tanto como yo, no cruzó la línea, sintiéndome prohibido o inalcanzable.
Puedo asegurar, que nunca había estado tan al alcance de alguien como lo estaba de ella.
Nunca había sentido tantos deseos en mi ser como los que sentí en ese momento. Un instante, un segundo y lo que me quemaba se habría desbordado dejándome al descubierto con Any.
Y la verdad, cuando iba manejando de regreso a la ciudad, dentro de mí había una lucha interna, muy violenta, una parte de mí agradecía que ella no me hubiera permitido cruzar esa línea tan delgada en ese momento entre los dos…
Y la otra mitad de mí, seguía deseando sentir su boca en la mía.