El grupo de jóvenes no tardaron más de treinta minutos en llegar al centro de equitación adentrado en las montañas, un bello lugar con varios corceles, magníficos caballos, varios senderos para poder cabalgar, estaciones de práctica entre otros, Emma miraba con curiosidad aquel lugar, si bien había tenido clases particulares de equitación y su padre había llevado algunas veces a su pedido un par de yeguas para cabalgar en la playa no era algo que le fuera común, normalmente por qué no tenía tiempo, la escuela, las tutorías y el entrenamiento físico la dejaron destrozada la mayor parte de la semana y por otro lado consideraba que pedir un caballo era demasiado, aún que sabía que sus padres no dudarán siquiera una milésima de segundo en cumplirle su petición, caminaron hasta el establo, Ella

