Narra Lauren Cuando llegué a la casa de Bayron me paré junto a la puerta de hierro fundido y marqué su número. —Estoy aquí— dije y al instante se me concedió el acceso. Abrió la puerta, vestido con nada más que un par de pantalones oscuros. Se los habían puesto apresuradamente, el botón aún estaba desabrochado, revelando la ligera capa de vello en su ingle. No podía quitarle los ojos de encima. Cómo lo había extrañado. Levanté mi mirada hacia la suya y vi el remordimiento en sus ojos. —Lo siento, Lauren—dijo. Asentí y entré. Me paré en medio de la sala de estar—¿Quieres un trago o tienes hambre?— preguntó. Negué con la cabeza. Todavía no sabía cómo iba a preguntarle sobre su hermano. Tal vez mi distanciamiento y silencio lo culparían lo suficiente como para responderme de la manera

