Corro con cuidado de no tropezar a la orilla del mar mientras Pablo me sigue. — ¡Ven aquí pequeña traviesa! Corro con más velocidad y el aumenta la suya también. — Maldita sea Amelie puedes golpearte ya basta, no te haré nada. Se que tiene razón por lo que ya agotada me siento en la arena recostando mi cabeza contra una piedra, no tardo mucho en sentir su presencia a un lado mío. — Podías haberte golpeado. — Oh vamos Pablo... ¿de nuevo? No me dejas hacer nada y se supone que estamos en nuestra luna de miel. Pablo me trajo a Miami, vinimos luego de un mes de la boda y ya llevamos aquí tres semanas por que él no quiere regresar y siendo sincera yo tampoco. Si... Estoy de ocho meses y medio, pronto tendremos que regresar a Seattle, mi vientre parece una bomba a la que aún le quedan do

