Lágrimas corren por mi rostro mientras soy llevada en brazos de Pablo hacía el ascensor. — No quiero perderlo... — No lo perderás, te lo prometo nena. El viaje desde el apartamento hasta el estacionamiento subterráneo me parece eterno, las lágrimas salen sin control y mis sollozos es lo único que se escucha en el espacio cerrado que hay en el ascensor. Una vez camino al hospital Pablo no para de sobarme la pierna mientras conduce mirando al frente y diciendome palabras tranquilizantes. Ya en el hospital no le importa mucho como estaciona, apaga el auto y baja de este rodeándolo para así llegar a mi puerta y tomarme en brazos. — Todo estará bien. Pero por más que quiera responderle no puedo, estoy muy asustada, no quiero perder a mi hijo, no puedo permitir tal cosa, le he dado mi vid

