DÍAS DESPUÉS Alaric El llanto de un bebé me envuelve en la oscuridad. Es un sonido desgarrador, una súplica que cala hasta mis huesos. Intento avanzar, seguir la dirección del llanto, pero no hay camino, no hay luz, solo un vacío espeso que me atrapa como si fuera un pantano sin fondo. —Me dejaste sola, Alaric… —La voz de Eleanor resuena en mi cabeza, frágil y rota. Su rostro aparece frente a mí, borroso al principio, pero luego tan nítido que mi pecho se contrae con un dolor insoportable. Sus ojos están llenos de lágrimas, el verde de su mirada es una tormenta de tristeza y desesperación. Trato de tocar su rostro, de aferrarme a su imagen, pero en cuanto mis dedos rozan el aire, se desvanece como un espejismo, dejándome atrapado en la nada. —¡Perdóname! —grito, mi voz se ahoga en la

