📍 El camerino El ensayo había terminado. El sudor perlaba la frente de Arianna, sus mejillas encendidas después de horas de repeticiones y correcciones con sus compañeras. Cuando entró a su camerino, encontró el ramo sobre la mesa: rosas negras envueltas en papel satinado, y sobre ellas una pequeña caja de terciopelo. Arianna se quedó inmóvil. El corazón le dio un vuelco. Con manos temblorosas abrió la caja. Dentro, un collar con un colgante en forma de águila bicéfala, tallada en plata con ojos de rubí. —¿Quién…? —murmuró, llevándose la mano a la boca. No había tarjeta, no había firma. Pero en el fondo lo supo: era de él. El ruso. Su instinto fue claro: no podía llevarse eso a casa. Lo dejó en la mesa, cerró la caja con un golpe seco y salió sin mirar atrás. Una de las escoltas de Ra

