Treinta y cuatro

2019 Palabras

Autor. —No tiene pulso, señor—, Jacinto se acercó, clavó sus dedos en el cuello de Brandon y al sentir el pulso lento y débil comienza a golpearle. —¡Abre los ojos miserable marine! —, al no obtener resultados le dio respiración boca a boca —Magda, nunca sabrás lo que he hecho—, volvió a clavar su rostro en el de Brandon y así lo hizo hasta que esté recuperó el aliento. Cuando los ojos de Brandon se abrieron y se encontraron con el rostro de Jacinto muy cerca lo empujó —¿Qué diablos haces? No me digas que—… miró a todos y al ver que se aguantaban las ganas de reír sintió asco. —Tuve que hacerlo, no me quedó de otra. —¡Cállate!, ¡cállate! ¡No lo digas infeliz! —, limpió su boca, seguido se levantó. —¿Hubieras preferido morir y dejar tu hija sola? ¿Eso querías Brandon Rossetti? Si es

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