Mis ojos estaban pesados, me fue difícil moverlos, era como si una piedra estuviera sobre ellos, incluso mi cuerpo dolía, parecía que mis huesos estaban rotos, pero en realidad era la carne la que me dolía. Cuando mi cerebro logró traer de vuelta aquella escena donde era golpeada brutalmente por esas mujeres, mi corazón se detuvo y mis manos se movieron hasta el vientre “mi bebé” susurré ante aquella avalancha de recuerdos. —¡Ellyün! —, escuché ese susurro de mi madre, giré mi rostro y la vi sentada a mi lado secándose las lágrimas con un pañuelo blanco —¿¡Que de malo has hecho para recibir este castigo!? —, ¿A que castigo se refería? —No se que de malo has hecho para que Dios se ensañe así contigo—. Cuando comprendí a qué se refería me sentí morir. Sentí que la vida se me iba. —No… mamá

