Treinta y dos

1991 Palabras

Me quedo largo rato ahí, tocando las hojas de las flores, aspirando el aroma de estas e intentando agarrar una mariposa. Una de ellas se para en mi mano, la contemplo con los ojos irritados, sonrío al momento que paso el dedo por su alas, seguido vuela y se pierde sobre las hojas del árbol. Tibias lágrimas ruedan por mis mejillas, pues ahora mismo quisiera ser una mariposa, quisiera volar y perderme entre las hojas. Al momento que se abre la puerta, limpio las lágrimas, pienso que es el señor Roque que viene a rematarme, sin embargo, al girarme me encuentro con mamá, sin pensarlo dos veces me lanzo a sus brazos, me aferro a su pequeño cuerpo y lloro, vuelvo a llorar porque pensé que no volvería a verla, creí que le había pasado algo —Mamá ¿Dónde te habías metido? ¿Por qué no me llamaste?

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