Los ojos violetas ven pasar los carros que están a la orilla de la carretera. Una parte de ella se siente cargada por el dolor que sintió cuando supo que Audi perdió a su criatura. Aprieta sus labios para aguantar las ganas de llorar. —¡No es justo! — murmura en voz baja. El hombre que conduce la mira por el retrovisor. —¿Dijo algo señora Cárdenas? — pregunto sin apartar la mirada de la carretera y de ella a la vez. Ella le sonrió. —No Carlos— le dijo. Ella siguió mirando por la ventana. Tendría que aprender a vivir con ese remordimiento de saber si en verdad ella es la culpable por aquella perdida o no. Nunca en la vida le ha gustado hacerle daño a nadie. —Señora – dice el otro acompañante sacándola de sus pensamientos y ella lo mira –el señor Saúl. Ella lo mira y toma el celula

