Tú no eres mi dueño.

2139 Palabras

El sábado por la noche me dirijo a la casa de Somali quien me espera vistiendo una sensual blusa ajustada con cierta abertura que enfatiza sus bustos y una pollera tableada el cual resalta sus firmes y pálidas piernas. Subimos al auto y partimos a nuestro destino. —¿Tienes algún lugar en mente? —pregunto, esbozando una sonrisa. —Quiero ir al bar en donde nos conocimos —toma mi mano y besa el dorso. —¿"Dejavú"? —Ese mismo. Al llegar al bar ingresamos y nos sentamos en una de las mesas. La camarera escribe nuestros pedidos en su minúsculo cuadernillo, nos brinda una mueca de amabilidad y se aleja para luego regresar con nuestras bebidas ubicadas sobre una bandeja. —¿Cuál será el motivo de nuestro brindis? —dice Somali, elevando el vaso. —Tú y yo. —Qué aburrido —ingiere todo el con

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