Al siguiente día después de clases, me dirijo a la biblioteca. Mientras leo un libro sobre Diseño gráfico, una mano se posa sobre mi hombro. —Vaya, qué estudioso eres... —expresa una voz burlesca que reconozco a la perfección. Es la de Somali. Me levanto de la silla y la miro de frente. —Ho-Hola... —saludo tímido, como un niño conversando con su amor platónico por primera vez. —¿Qué estás haciendo, Joseca? —cuestiona con cierto tono de enfado. —Pues... estoy adelantándome para los exámenes... —No me refiero a eso —refuta, quitando el móvil del bolsillo de su abrigo para enseñarme la pantalla— sino a esto. Me muestra la foto que Solange y yo nos tomamos en su torneo de taekwondo. —¿Cómo la obtuviste? —Quizás tu novia la publicó en sus redes pues ha estado recorriendo entre los es

