Demonios. De todos los lugares tenía que encontrarlos en este. Es la definición de la mala suerte. Ya no consigo escuchar a Solange, sino que mantengo mi mirada fija en Somali. Ella aún no se ha dado cuenta de que hemos coincidido en el mismo restobar. Paz. ¿Era mucho pedir un poco de paz? No puedo estar tranquilo si la tengo tan cerca. No es el alcohol el que nubla mis sentidos, es ella. Necesito lavarme la cara y tratar de espabilar. —Iré al baño unos minutos, no tardaré —digo a Solange, a lo que asiente. Una vez allí, me coloco frente al espejo, observando mi reflejo. Estoy un poco mareado. De pronto, alguien sale de una de las cabinas sanitarias. No me fijo en quién es, restándole importancia. Es entonces cuando me percato de que tiene la vista clavada en mí. Volteo la cabeza h

