—¿Por qué estas encerrada? —le pregunto. Se aleja de mi al principio, pero responde: —El rey dijo que robe la plata. Pero juro que no lo hice. —Llora, lágrimas cayendo por sus sucias mejillas. Me dirijo a Belren suplicando. —Debemos intentarlo. Por favor. Me mira por un momento y luego mira a regañadientes a la chica en su celda. Deja salir un largo y sufrido suspiro. —Bien —dice—. Pero me debes. Mucho. Emocionada, arrojo mis manos alrededor de su cuello y aprieto. —¡Gracias! —Mmm —dice, empujándome—. Saquemos primero a la princesa. Ella es nuestra prioridad. —Por supuesto. —Asiento de inmediato. Cuando empezamos a caminar otra vez, me giro hacia la chica. —Pronto, vamos a regresar por ti. Lo prometo. Ella no parece creerme, pero está bien. Vamos a salvarla a el

