IV-2

2981 Palabras

— ¡Di que me quieres! ¡Dilo en seguida! ¡Lo necesito! Pero en vano extremaba su ademán autoritario; en vano aproximaba sus ojos a los de él, como si quisiera asomarse a su interior. El artista sonreía débilmente, murmuraba palabras evasivas, negábase a seguirla en estas exigencias. — Dilo a gritos; que yo lo oiga... Di que me quieres. Llámame Friné, lo mismo que cuando me adorabas de rodillas, besando mi cuerpo. El nada dijo. Parecía avergonzado por el recuerdo; bajaba la cabeza para no verla. La condesa se levantó con nervioso impulso. La cólera la hizo plantarse en medio del estudio, con las manos crispadas, el labio inferior temblón, los ojos con un brillo verdoso. Sentía deseos de destrozar algo, de caer en el suelo con violentas contorsiones. Dudaba entre romper una ánfora árabe

Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR