III-1

2032 Palabras

III Y no la vió; no la vió en dos días. Pero al tercero llegó a sus manos una cartita azul, de sobre prolongado, saturada de un fuerte perfume que tenia la virtud de estremecerle. La condesa se quejaba de su ausencia con cariñosos lamentos. Necesitaba verle, tenía que decirle muchas cosas. Una verdadera carta de amor, que el artista se apresuró a ocultar, temiendo que su lectura hiciera suponer lo que no era cierto aún. Renovales se mostró indignado. — Iré a verla—se dijo, paseando por el estudio;—pero será para decirla cuatro frescas, para acabar de una vez. Si cree que va a jugar conmigo, se equivoca; no sabe que yo, cuando quiero, soy de piedra. ¡Pobre maestro! Mientras en un extremo de su pensamiento formulaba sus fieros propósitos de hombre de piedra, en el otro, una voz dulce c

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