VEINTISEIS Con el cuerpo de Caleb en sus brazos, Caitlin voló sobre el río Hudson en dirección de la isla de Pollepel. Voló bajo para ubicae el patio del castillo. El aire frío del río rozaba su cara, sus lágrimas, pero, a diferencia de otras veces, no lograba calmarla. Nada podría calmarla nunca más. Caitlin pudo ver sus ex compañeros entrenar entre la luz de las antorchas. Sabía que había sido desterrada y que tal vez hasta tenían órdenes de matarla, como Aiden había advertido, pero no tenía otra opción. No tenía a nadie más a quién recurrir. Y tenía que ver a Aiden. Tenía que saber si había alguna forma de que él pudiera revivir a Caleb. Ella se resistía a dejarlo ir. Y si resultaba que no había manera, se quitaría la vida. Ante el gestos asombrado de sus ex compañeros, aterrizó en

