Apolo y yo caminamos un rato más por la zona hasta que el sol se posicionó en lo más alto del cielo. La camioneta de Ahron entró y condujo hasta el final del camino. Ya era hora de volver. Jalé un poco la correa de Apolo e intenté llevarlo en dirección contraria al parque pero el enorme lobo se resistía. —Vamos Apolo, Dany ya debe haber…—jalé con más fuerza, pero era más que obvia la razón por la que no hacía favores que me superaran en tamaño—. Por favor Apolo, Dany, ¿la recuerdas? Tenemos que volver a casa ya. Apolo ladró, y juraría que fue una respuesta negativa. Este enorme lobo era más fuerte que yo, podría arrastrarme hacia un acantilado y nadie se daría cuenta de que morí, esa no era una buena forma de perecer, apenas tengo 21. —¿Y si te digo que Nic estará allá? —debía intenta

