— ¡Kate!— el grito de mi madre hace que, de alguna manera, todos mis sentidos cobren mi vida. Me giro para observar su rostro durante unos cuantos segundos; su cabello parece estar recién teñido y ha bajado un poco de peso. Ella lleva puesto un traje de dos piezas y en cuanto repara en mi mirada, una pequeña lágrima se cae por su rostro. — ¡Mamá!— exclamo yo de vuelta, sin poder evitar que algunas lágrimas se deslicen por mis mejillas. Nosotras acortamos la distancia para abrazar a la otra durante varios minutos mientras mis amigos simplemente observan. El perfume de mi madre entra directo por mis fosas nasales, haciéndome sentir segura. — Te extrañé tanto— murmura ella en mi oído después de un rato. Yo esbozo una enorme sonrisa por lo bajo, feliz de que no me esté regañando por ha

