Capítulo 2

1611 Palabras
Sinceramente no sé cómo continuar mi historia y que resulte interesante. Te pones a ver las cosas y es tan simple que después de tres capítulos podría llegar a su fin. No hay mucha tela que cortar. Soy un hombre que trabaja, respira y tiene bastante dinero. Gracias por leer nos vemos en otra oportunidad. Realmente dos años han pasado desde que mi vida cambió. Dos años en que tuve que adaptarme al nuevo mundo que me tocó vivir, y dos años de que mi corazón decidió detener cualquier impulso de idiotez sentimental. Mis necesidades básicas están cubiertas por decirlo así. Como lo suficiente, me baño, me cojo a cualquier puta y trabajo casi 20 horas. No tengo tiempo para más nada, bueno para Alda y buscar a mi hermana menor nada más. En fin, soy un hombre enteramente feliz y con una vida privilegiada por trabajar como burro. —¿Por qué dejaste a unas adolescentes con Alda? —se queja, Ryan, viendo a las italianas con mi nana—. Se les nota que están con ella por el dinero. Suspiro mientras vuelvo a revisar mi celular. Soy hijo de un mafioso y cuando necesito que investiguen a alguien recurro a ellos, pero solo cuando lo considero necesario. —No creo que sean adolescentes —Ryan me mira mal, me apoyo en el cubículo de recepción que hay en emergencia—, tal vez solo sean de esas niñas que les gusta robarle el dinero a los hombres. —¿Interesadas? —asiento, veo a la pelirroja revisar el monedero. Bingo, la pobretona no tiene ni un centavo para sobrevivir—. Quieres sobornarlas solo yo conozco esa estúpida cara de ruso idiota. —Necesito que se alejen de Alda. Ellas nunca han estado presente en su vida —guardo mi celular, empiezo a caminar y le hago señas para que me siga—. No sé si son asesinas en serie y no quiero que vengan a matar a mi nana. —Si eres imbécil —se burla, mientras me sigue—. El nieto del mafioso más temido de Rusia le tiene miedo a dos niñas italianas. —¿Te corto los huevos para que sigas riéndote de mí? —se tapa las bolas, su rostro es de total horror—. Actúa como un tipo serio y vamos a sobornar a las pobres. Caminamos hacia ellas y la castaña le toca el hombro a la pelirroja para que nos vea. Ambas se levantan y con mala cara nos reciben. —¿Sucede algo malo con mi tía, doctor? —pregunta, la pelirroja preocupada. No está tan mal para ser una adolescente. Tampoco es precisamente mi tipo de mujer, pero si les gustan las pecosas, pelirrojas, ojos de un color peculiar, blancas y flacas... Pues los respeto. —Si —los ojos de ambas se abren sorprendidos—. ¿Un millón? —me ven con confusión, rateras, quieren más dinero—. Les daré tres millones de dólares ni un centavo más. —No entiendo —interviene la castaña—. ¿Esa es la cuenta del hospital? —mira a Ryan—. ¿Es eso? Porque si ese es el caso nosotras… —Es el dinero para que se alejen de Alda —responde mi amigo, interrumpiéndola—. Acéptenlo y váyanse del hospital. Nosotros nos haremos cargo de ella y de todos los gastos. La pelirroja se empieza a reír como si estuviésemos jugando. —¿Así son todos los ricos? —pregunta, molesta—. Tres millones de dólares es demasiado... poco para alejarme de mi tía —se cruza de brazos—. No sé qué clase de gente serán, pero si son como todos los rusos mafiosos, mejor mátenme de una vez —alzo una ceja—. A mi tía no la voy a dejar por unos imbéciles como ustedes. —Eres una interesada dejaste a Alda sola cuando más te necesitó. ¿Qué clase de sobrina eres? —espeto, con fingida calma. —Una que tiene que sacar a su familia adelante —responde, veo una vena sobresalir de su sien—. Por si no lo sabes no todo el mundo caga plata. —¡Arya, basta! —la interrumpe la castaña—. Estos tipos son unos imbéciles por hoy vamos a dejarlo así —le muestra el reloj de su mano—. ¿Viste la hora? Debemos irnos se nos está haciendo tarde. La chica asiente a regaña dientes, se despide de Alda, me ve con odio y antes de irse vuelve a hablar. —No te deseo mal, pero ojalá se te rompa el condón mientras tienes sexo —Ryan, como buen idiota se empieza a reír por lo que ella me dice. —Los pariría por la boca, pero me dolería y prefiero la cesaría —respondo, la fulana Arya, me ve tan mal, que juraría que me está matando. De seguro el marido no le dio por donde es. ***** Unas horas más tarde me llegó la información de ambas chicas por correo. La gente que trabaja para mis padres son bastante eficientes a la hora del chisme. Solo pedí lo básico, yo respeto la intimidad de cada quien. Confidencial. Información Personal. Nombre: Lauren Timofte. País de Nacimiento: Roma, Italia. Edad: 27 años. Profesión: Odontóloga y fotógrafa. Información Personal. Nombre: Arya D'angelo. País de Nacimiento: Siena, Italia. Edad: 26 años. Profesión: Odontóloga y bloguera de cocina. Antecedentes: Arya D'angelo se encuentra trabajando en un burdel. Se vinieron de Italia hace cuatro días, no tienen donde vivir ni comer. Desconocemos su ida del país, están cortas de dinero y ambas viajan con un niño de dos años. La fulana sobrina de Alda es prostituta. Quien la viera fingiendo ser educada. Ya decía yo que su manera de hablar tan vulgar no era para nada normal. —¿Desea algo de tomar, joven? —una mujer alta, con cuerpo para nada cuidado me habla. —No. Estoy buscando a alguien que trabaja aquí —respondo, viendo por todo el burdel. El lugar es un ambiente de prostitutas y hombres que derrochan la plata sin razón alguna. Ninguna tipa está tan buena como para pagar 1 centavo. —Lo siento, aquí no vendemos información de nuestros trabajadores —responde, con desdén. La ignoro ya que miro hacia una muy llamativa pelirroja con poca ropa. —Ya la encontré —señalo hacia la sobrina de Alda—. Si me disculpa. —Lo siento, joven —me detiene la tipa con falta de cuerpo esbelto, tomándome de mi brazo—. No puede hablar con ella —frunzo el ceño—, esa joven es para la subasta de esta noche. Miro a... ¿cómo es que se llama la sobrina de mi nana? —Arya, estúpido. Es la futura madre de tus 78 hijos —comenta mi cerebro de manera burlona. Hace unos días leí que se podían trasplantar cerebros, pediré cita para que me pongan uno nuevo. —¿Subasta? —asiente—. Solo necesito 10 minutos con esa mujer —me mira dudosa—. No me la voy a coger solo dame los 10 minutos y la pelirroja será toda tuya. —Bueno, pero que no pasen más de 10 minutos —responde—. Sígueme, te llevaré al camerino de las bailarinas. ***** Espere por unos eternos y largos tres minutos a que alguna de las mujeres apareciera. Estaba a punto de atender la llamada de Ryan, cuando por fin la sobrina de Alda entró al lugar con cara de susto. —¿Tan pobre eres que te estás subastando? —pregunto, ella se sobresalta, baja la mirada como una mujer sufrida y yo suspiro con indignación—. Se te nota en la cara que la plata es lo más importante para ti —aprieta sus manos haciéndolas puños. —¿A qué vino? —cuestiona ronca, alzando la mirada e ignorando mi pregunta—. El dinero es lo que mueve mi mundo sin el estoy perdida. ¿Eso era lo que quería escuchar? —me mira con odio—. Pues ya lo dije. Ahora puede irse y atender a la gente que lo necesita en el hospital. La chica aparta la mirada y ve a todos lados, se detiene en un lugar específico y yo, como buen observador, miro el mismo lugar que ella. Era una cama con pétalos de rosas blancas y rojas. La chica es virgen, ya lo vi todo. Hoy le van a romper la hermosa flor que está a punto de pasar a extinta. —Arya D'angelo —me ve sorprendida—. ¿Qué pasaría si yo le cuento a tu tía que eres una prostituta que se subasta por dinero? —Yo no soy una prostituta —intenta gritar, pero solo logra alzar un poco la voz, su acento italiano se marca más cuando se molesta—. No le diga nada a mi tía, por favor. Esto lo hago porque en serio necesito el dinero. —Eres odontóloga y bloguera. ¿El dinero que te ganas con eso no te alcanza? —niega con la cabeza con cara de miedo—. Todo el mundo sabe que es una buena profesión —me mira dudosa—. ¿Trabajabas en Italia? —Sí, ejercí mi profesión, pero todo empezó a ponerse cada vez más costoso y no pude continuar viviendo allá —esquiva mi mirada cada vez que intenté verla a los ojos. Mientes. —Realmente no me importa que hiciste con tu vida solo vengo a decirte que no vengas a joderle la existencia a Alda —me ve—. Buena suerte en la subasta y ruega porque ningún viejo verde te venga a coger. —Pensé que tú... —susurra, mordiéndose el labio. Sonrío de lado. —No, no me da la gana de comprarte. No tengo tanto dinero para gastarlo en una tipa que no me gusta —paso de largo y golpeo su hombro. —Pensé que venías a detenerme —me toma del brazo—. Prefiero mil veces que un viejo verde me compre y me coja, antes de tener que ver algo contigo, estúpido ruso. Me suelta y sale molesta del cuartucho. Con que te doy asco… Me quedaré a ver quién pagará por ti y disfrutare tu cara de horror cuando te compre un asqueroso viejo verde. Arya D'angelo, me resultas interesantemente insoportable.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR