Eran las cinco de la mañana y ni un rastro de vida de alguno de ellos, cada minuto que pasaba era una perdición para mí. Les envié un mensaje a mis hombres para que intervinieran, pero no sé qué ha sucedido. Al parecer la cobertura está siendo cortada en el interior del almacén. —Dame la dirección donde se encuentran Arya y Lauren —miro con frialdad al general, mientras lo tomo por el cuello del uniforme—. Perdí la paciencia y tú eres un inútil. ¡Dame la puta dirección que voy a ir por ellas! —¡Aleksandr, cálmate! —me intenta alejar mi padre—. Ellas están haciendo su trabajo, espera un poco y dales un voto de confianza. —Konstantin, si fuera mamá la que estuviera en ese lugar, ¿qué harías tú? —suelto al viejo—. ¿Esperarías tranquilo a que tu mujer regrese? —me enfrento a mi padre. —Irí

