Uno, dos, tres: sus ojos se cerraban de apoco... Cuatro, cinco, seis: tan pesados y cansados, no debía dormir, lo sabía, había que estar alerta, podría en cualquier momento tomarla por sorpresa: Siete, ocho, nueve: el sueño la dominaba... Diez, once, doce: había caído rendida, soñaba, al principio era algo dulce, placentero, soñaba con lo más lindo, pero siempre sus sueños la traicionaban, sus sueños se transformaban. «Pequeña niña, dulce Mía» decía la voz en su cabeza, la niña solo sollozaba. «Mi vida, mi amor, despierta ahora» pero Mía no quería, sabía que no tenía que hacer caso, no desde la última vez que la escuchó. «No puedes esconderte por mucho tiempo, ya lo saben» «¡Despierta niña malcriada!» pero Mía se negaba, a diario la molestaban, en sus sueños, cuando más disfrutaba. V

