Hanna (día 01)
Justo después del almuerzo subo a ver si Henry está mejor, en el camino siento nuevamente ese apretón en el corazón, pongo una de mis manos en mi pecho y con la otra me apoyo en la escalera porque me mareo, pero me recupero rápidamente porque no tengo tiempo para eso. En la puerta del cuarto de Henry, abro y siento algo caer sobre mi cabeza, un polvo blanco, harina, era lo único que me faltaba, pero para mi sorpresa, mientras estoy tratando de quitarme la harina de los ojos, siento algo mojarme, cuando miro, Henry me está lanzando globos llenos de agua uno tras otro, bombardeándome.
Henry: No vas a durar mucho aquí -dice lanzando otro globo hacia mí.
Hanna: ¿No te duele la barriga en absoluto, verdad, chico? ¿Por qué hiciste eso conmigo?
Henry: Eres muy lenta -ríe- pero tengo que admitir que si mi padre no estuviera en casa, habría aprovechado para hacerlo en la mesa, pero tuve miedo de que él se enfadara conmigo -sonríe pícaro- pero sabía que vendrías aquí, así que preparé esto y caíste perfectamente...
Hanna: Eres muy astuto, pero ahora tendré que hablar con tu padre, ¿qué crees que dirá? o mejor dicho, ¿qué crees que hará? -Dije como si realmente fuera a contarle al jefe-
Henry: Todavía no estás contratada y tu trabajo depende de mí, así que creo que no dirás nada. Porque si lo haces y él ve esto, pensará que no sirves para ser mi niñera, ya que no puedes manejar a un niñito indefenso como yo -hace una mueca burlona-
Hanna: -trago saliva- no puedes hacer eso, es malo...
Henry: Si es malo o no, no me importa, hago lo que quiero, tú eres la empleada y yo soy el hijo del jefe, hago lo que quiero aquí.
Narrador omnisciente
Lo que Hanna y Henry no sabían es que Gabriel estaba detrás de la puerta escuchándolo todo, no sabía si enfadarse o reírse de la travesura de su hijo, sabía que en cualquier momento él iba a hacer algo, incluso pensó que había tardado en comenzar sus planes contra la niñera, pero, por otro lado, se enfadó con el hecho de que el niño "chantajeara" a la chica y fuera prepotente, esa no era la educación que él le había enseñado.
Sabía que su hijo sufría por la ausencia de su madre, pero eso no era motivo para chantajear a nadie. Antes de entrar en la habitación, respiró hondo y se calmó. Sabía que Henry era así porque siempre hizo todo por su hijo.
Gabriel: Que bonito, ¿no? Hijo, ¿así que le mentiste a tu padre? ¿Qué pasa cuando mientes o me desobedeces?
Henry: ¿Me castigan? - expreso con miedo -
Gabriel: Exactamente. Entrégame tu celular y tu notebook. - Gabriel entró en la habitación y resbaló, cayendo de culo en el desorden del hijo.
Hanna asustada, le pregunta: ¿Está bien, señor? ¿Puedo ayudar?
Gabriel, furioso, dice: No gracias. Mi hijo sí. Tú irás a limpiar todo esto ahora y estarás una semana sin celular, videojuegos y solo podrás usar tu notebook para estudiar con la ayuda de la señorita Hanna.
Henry: Pero, papá.... - dice bajando la cabeza derrotado -
Gabriel: No hay más ni menos, ¿estás escuchando? Vine a casa para pasar más tiempo contigo y tú mientes solo para meter en problemas a la señorita Hanna, que solo está haciendo su trabajo. No hablemos de que no te di esa educación, estás actuando como si pudieras hacer cualquier cosa, pero no es así. No eres mejor que nadie aquí y no debes chantajear a nadie. Así que para que aprendas, estarás sin esas cosas, porque sé que son las que más te gustan.
Henry: Papá... - comienza a patalear rodando en el suelo -
Gabriel: Y si haces berrinche, el castigo se extenderá a un mes. Vamos, muévete, quiero esta habitación limpia de inmediato.
Henry se levanta del suelo, agarra las cosas que su padre le pidió y luego baja marchando enfadado hasta la cocina para pedir ayuda a Lucía para limpiar su habitación.
Gabriel: Señorita, discúlpeme. Esto no volverá a suceder. Puede ir a darse una ducha y luego venga a mi oficina para hablar mejor. Yo haré lo mismo. - dice levantando el brazo mostrando su estado -
Hanna: Gracias, señor. Y disculpe por cualquier cosa. Con permiso. - se despide y sale rápidamente antes de que Gabriel dijera algo más y ella no pudiera contener las lágrimas que insistían en querer caer.
Gabriel coge el portátil, desconecta el cable de la videoconsola dejándolo nuevamente allí y lleva el celular a su habitación para tomar su ducha, ya que se ensució completamente de harina cuando se cayó sentado.
HANNA
Voy a mi habitación y me quito la ropa sucia, la tiro en un rincón y entro en la ducha. A medida que el agua cae sobre mi cuerpo, empiezo a llorar. Sé que no tengo la culpa, pero estoy segura de que seré despedida. Henry tiene razón, aún no estoy contratada y esta travesura de hoy solo demuestra lo incapaz que soy de prestar atención a los detalles más pequeños. ¿Qué pasaría si Henry se lastimara bajo mi responsabilidad? Ay, Dios mío, ni siquiera quiero pensarlo. Realmente no sirvo para cuidar de un niño. Terminé mi ducha y me pongo la misma ropa, ya que no sé dónde Lucia puso mi otro uniforme. Estaba tan nerviosa por mi primer día y después de todo lo que sucedió, olvidé todo lo que Lucia me dijo. Después de mi ducha, reviso rápidamente mi celular; mi mundo se detiene cuando veo llamadas perdidas del hospital. Esa sensación, esa opresión en el pecho vuelve junto con más lágrimas. ¿Qué pasará si pierdo este trabajo? ¿Cómo se pondrá mi madre? ¿Cómo pagaré el hospital, sus medicamentos y las facturas de la casa? Dios me ayude. Antes de bajar, me quedo en el suelo abrazando mis rodillas y llorando. No tengo tiempo para hacer llamadas, así que le envío rápidamente un mensaje a Laura, la hija de doña Sueli, pidiéndole que ella o su madre vayan al hospital para saber qué está pasando... Disimulo mi cara llorosa con un maquillaje muy suave, pidiendo a Dios que ilumine la mente del Sr. Gabriel para que no me despida, y vuelvo a la sala como me había pedido.
GABRIEL
No quería ser grosero o brusco con Hanna, pero caer ante ella debido a la broma de Henry era lo último que quería. Ya no sé, de ninguna manera, pero en el fondo ella me afecta y eso me molesta, porque no me gusta perder el control de nada. Entro en el baño de mi habitación, quitándome la ropa sucia, el agua tibia cae sobre mi cuerpo y me relaja, relaja todos los nervios, pero mi m*****o erecto y duro aún está ahí, el mismo ha estado así desde que vi esos ojos, esos ojos asustados mirándome y esa boca, Dios, comienzo a imaginar esos labios alrededor de mi m*****o, chupándolo.
¡Mierda!-gruño mientras sostengo mi m*****o con fuerza comenzando la masturbación, imágenes de meterla en cuatro patas o cabalgando con prisa y fuerza y luego bajando lentamente sobre mi polla invaden mi mente y aumento el ritmo de mis manos y aprieto la cabeza de mi m*****o, el dolor es placentero y retrasará mi orgasmo, quiero más de esta sensación, ahora la veo debajo de mi cuerpo mientras la penetro y ella araña mi espalda, mientras la follo con fuerza, ella gime fuerte y aumento los envites de mi mano y pronto estoy jadeando cerca de mi placer, no tarda en salir mi orgasmo fuera de control, me apoyo en la pared fría para recuperar el aliento.
¡Mierda! No puede ser, solo puedo estar volviéndome loco, no puedo pensar en ella de esta manera. Me seco, me visto y me dirijo a la oficina, necesito estar solo y trabajar para dejar de pensar en esto. Pero cuando empiezo a bajar las escaleras la encuentro hermosa, con el cabello aún mojado con un vestido medio coqueto, toda asustada. Puedo sentir que mi polla vuelve a dar señales de vida y un deseo enorme de tenerla en mis brazos.
HENRY
Por culpa de esta boba, mi padre me ha castigado, pero esto no va a quedar así, ella va a ver. Acabo de limpiar todo y Lulu me ha dicho que no lo haga de nuevo o papá se enojará más conmigo, pero no dejaré que ninguna otra mujer esté aquí, solo Lulu, porque ella es como mi abuelita. Después de tomar un baño me quedo aquí sin nada que hacer, esperando a que la boba me ayude con la lección, órdenes de mi padre. Pero mientras ella no aparezca, ya comienzo a pensar en otras cosas que puedo hacerle, no la dejaré en paz hasta que me pida que me vaya o papá decida echarla. Si mi padre piensa que no vi cómo la mira a ella, está muy equivocado y ella también estuvo mirando a mi padre, pero nunca va a ocupar el lugar de mi mamita, Dulce.
HANNA
Estaba en la sala esperando ansiosamente al señor Gabriel, rezando mentalmente para no ser despedida, apretando distraída mis dedos cuando escucho una voz llamando mi nombre, tenía la certeza de que era él, pero nunca imaginé que mi corazón se aceleraría tanto y mi estómago se llenaría de mariposas, mi cuerpo se encendió por completo, respiré profundamente para intentar controlarme, no entendía cómo podía sentirme tan atraída por él, era inadmisible e irreal, él es mi jefe y yo soy la pobre niñera de su hijo. Bueno, eso espero ser, pero después de hoy.
Gabriel: Señorita Hanna, ¿no me escuchó?
Hanna: Me volteo hacia él - Sí, disculpe, es que estoy un poco nerviosa, señor - hablo rápidamente.
Gabriel: Se acerca lo suficiente para que sienta su respiración en mi rostro - ¿Yo la pongo nerviosa, señorita? - sonríe con esa sonrisa, que haría mojar la ropa interior de cualquier mujer.
Hanna: Nerviosa y tartamudeando - B-bueno, quiero decir, es la s-situación, señor.
Gabriel: Arquea las cejas y parece estar decepcionado - Ya veo, ¿solo eso? Bueno, si es así, vamos a mi oficina, señorita - pone la mano en mi cintura y siento una descarga eléctrica recorrer todo mi cuerpo, me dejo guiar por él, un poco temblorosa - no tiene que temblar, señorita, no muerdo a menos que me lo pidas, ahí sí que muerdo con mucho gusto - pestañeo incrédula varias veces, ¿realmente dijo eso o me lo estoy imaginando? -
Hanna: Entrando a la sala, él cierra la puerta y me indica que me siente en la silla - Señor, sé que tal vez esto no sirva de nada, pero quiero disculparme por hoy, por lo sucedido en el cuarto de su hijo.
Gabriel: Tranquila, señorita, no tiene que disculparse por nada, conozco al hijo que tengo, sé lo travieso e incluso malicioso que puede ser, escuché toda la conversación entre ustedes, usted no tiene la culpa de nada.
Hanna: Entonces, ¿no me va a despedir, señor?
Gabriel: No, no voy a despedirla, soy yo quien le debe una disculpa por las cosas que mi hijo le ha dicho y ha hecho, y le pido que si él hace algo así, no dude en decírmelo a mí o a Lucía, ella es la única que puede controlarlo además de mí, para él, Lucía es como una abuela. Ah, y puede ser más estricta con él no se preocupe, sea firme o él le hará de gato y zapato.
Hanna - Está bien, como usted quiera - bajo mi cabeza tímida.
Gabriel - Por cierto, llámame Gabriel, nos veremos todos los días por aquí, no es necesario tanta formalidad, ¿puedo llamarte Hanna?
Hanna - Claro que sí se... - me corrijo - Gabriel, puedes llamarme como quieras - sonrío tímidamente hacia él.
Gabriel - Ah, y otra cosa, espero que siempre uses tu uniforme a menos que te avise de antemano y lo proporcione.
Hanna - Sí, claro, lo vestiré de inmediato y lavaré el otro.
Gabriel - ¿Solo tienes dos cambios?
Hanna - En realidad, la señora Lucía vendrá conmigo mañana a hacer los míos, me prestó dos, uno que llevaba puesto y otro de invierno hasta que esté listo el mío.
Gabriel - Genial, no necesitas vestir el de invierno, hace calor, puedes quedarte con esta ropa por hoy y usar tus propia vestimenta siempre que sean apropiadas hasta que tu propio uniforme esté listo. Mañana, tan pronto como dejes a Henry en la escuela, por favor, consigue tu uniforme y haz varios cambios en caso de accidente.
Hanna - Claro, mañana sin falta
Gabriel - Quiero dejar bien claro, Hanna, que me gusta que las cosas se hagan como yo digo, no me gusta que me contradigan y mucho menos retrasos o faltas en el trabajo sin una necesidad extrema, me gusta que cada uno sepa su lugar aquí, así que todo tiene su lugar y hora para ser cumplido, Henry tiene toda una programación que Lucía debe pasarle y espero que se cumpla al pie de la letra y si él hace travesuras, quiero que me informen como ya te había dicho, ¿estamos de acuerdo?
Hanna - Sí, señor - respondo nerviosa - quiero decir, sí Gabriel, estamos de acuerdo.
Gabriel - Genial, ve a la cocina y ve si Lucía necesita algo, luego ayuda a Henry con sus tareas escolares.
Solo asentí con la cabeza y no dije nada, salí de allí rápidamente y fui a la cocina, cogí un vaso de agua, todavía temblando aliviada por no haber sido despedida, la señora Lucía se alegró de que no me despidieran y dijo que estaba contenta, tenía la sensación de que al niño le gustaría y mencionó de manera sugerente que al Sr. Gabriel también, pero no entendí muy bien y preferí no preguntar, tenía que subir y ayudar al travieso con sus deberes escolares.