—¡Apaga esa cosa del diablo! —grito abriendo los ojos de un tirón, encontrándome con Samuel a punto de irse. La alarma de mi novio me había despertado de mi lindo sueño y este humor que tengo es porque estuvimos tres días celebrando la victoria en la final de Lyon. —La pequeña no amaneció de buen humor —el ilicitano se acerca y deja un beso sonoro en mi frente—. Buenos días, voy tarde al entreno. Tu desayuno está listo, te adoro demasiado. ¡Adiós! —¡Te amo! —grito fuerte para que me escuche. —¡Yo a ti! Agarro mi móvil de la mesita de noche y descubro que tengo demasiados mensajes de Erica, muchos más de lo normal. Mitad de ellos no lograba entenderlos, hasta que vi la foto que me pasó llorando. Busco su número en mis contactos y la llamo de una. —¿Cami? —¿Qué pasó? ¿Estás bien? ¿Po

