19 de febrero de 2019 Me levanto corriendo de la cama cuando escucho la puerta del garage cerrarse. Llegó el señorito. Bajo las escaleras a toda velocidad y mi novio entra como puede, caminando con dificultad. —¡Hola! ¿Cómo te fue? ¿Por qué caminas así? ¿Estás bien? ¿Tienes hambre ¿Qué quieres? —balbuceo, ayudándolo a subir las escaleras hasta la habitación. —Bien, las terapias, sí, sí, helado —murmura una vez que se sienta en la cama y empieza a quitarse sus zapatos—. Estoy muy cansado, gorda. —¡Déjame buscarte tu helado! —salgo volando a la cocina a por dos cucharas y dos envases de helado de vainilla. Cuando entro de nuevo a la habitación, Samuel estaba a punto de dormirse, acariciando a Thalia que estaba a su lado. Rio bajito y me acerco lentamente, dejando los helados en mi mesa

