Lo último que Gian esperó, es que en alguna ocasión pudiera sentirse protegido por Joon Ho y que no quisiera alejarse de él, pero era como se sentía en ese momento luego de que lo sacó del baño y lo alejó de Yoo Chan.
El doncel no podía describir el terror que sintió cuando Joon Ho le dijo a su amigo de su embarazo, porque sintió que la vida de su bebé estaba más amenazada que antes de que lo supiera, pero parecía que Na no conocía tan bien a Yoo Chan como para saber que eran tan diferentes y que una noticia así mientras a él podía detenerlo, a Kim lo incentivaría a que quisiera más que antes hacerle daño.
Gian sabía lo ilógico que era que en ese momento se sintiera seguro con Joon Ho, pero no podía evitar que sus brazos siguieran alrededor de Na y de que su cuerpo continuara temblando, a pesar de que ya estaban en un taxi en dirección a su casa.
—Señor —habló Joon Ho al taxista —olvide la dirección que le di, llévenos al hospital más cercano.
—¡No! —se negó Gian en un grito.
El doncel que hasta un momento atrás se negaba a soltar a Joon Ho, se alejó de él y lo miró con los ojos amplios y llenos de temor. Limpió de su rostro las lágrimas que parecían no poder detenerse y apartó la mirada.
—No quiero ir al hospital —gruñó entre dientes.
No quería hacerlo porque no deseaba enfrentarse a las preguntas de los médicos sobre la razón por la que estaba ahí. No solo porque eran incómodas, sino que, la última vez, cuando fue dado de alta, el médico le dijo que esperaba no verlo por ahí más, a menos que fuera para controles sobre su embarazo. Esas parecían palabras normales, pero Gian sentía que fueron una advertencia y lo comprobó cuando luego lo escuchó hablar en privado con Geum Hee. Le había dicho que si lo volvía a ver en el hospital debido a que fue golpeado, no podía ayudarlo más y tendría que informarle a la policía.
Gian sabía que si la policía estaba involucrada las preguntas serían mucho más incómodas y que, dependía de quien tomara su declaración se llevaría el caso. Si decía la verdad, quizás se tomaran medidas en contra de sus agresores y estarían un par de meses o años en prisión, por lo que sus días en el instituto podían ser más fáciles, pero si nada de eso salía bien, solo provocaría que todo empeorara, además, Joon Ho estaba involucrado entre aquellos agresores y, le había prometido a su bebé que no iba a enviar a su otro papá a prisión.
Gian se respaldaba en esas razones, pero sabía que no eran las únicas, con Joon Ho tenía sus propias razones, pero con Yoo Chan, muy probablemente no le creerían o el padre de este encontraría la manera de que saliera libre sin ningún cargo, después de todo, era hijo de una figura importante en la política, que no dejaría que el nombre de su familia se viera manchado.
Con Zuri la situación era parecida. Sus padres tenían suficiente poder para hacer ver a Gian como un pobre doncel huérfano acusando injustamente a otras personas y, el que más tenía que perder era Joon Ho, que casualmente era su esposo. Gian simplemente quería ahorrarse lo que serían meses de estrés que no llegarían a nada. Creía que podía soportarlo un poco más, al menos hasta que el año se acabara y no tuviera que ver a sus agresores más, bueno, a casi todos.
—Gian…
Joon Ho quiso tomar el rostro del doncel entre sus manos. En ese momento se sentía enojado e impotente. Se suponía que nada de eso debía de pasar, pero no pudo evitarlo y ahora no solo el doncel fue golpeado, sino que la vida del bebé estaba en peligro.
—Mira lo que te hicimos.
Era evidente que había sido golpeado, pero no sabía si Gian no era consciente del cuidado médico que necesitaba o solo se estaba aferrando obstinadamente a no querer ir al hospital.
—Debemos ir al hospital, no podemos colocar en peligro la vida del bebé —insistió, sabiendo que ese era un tema importante para Gian.
La mirada llena de temor del doncel se posó en el rostro de Joon Ho, que por un momento pensó que había logrado su objetivo y lo convenció de que debían de ir al hospital, pero cuando este volvió a apartar la mirada, supo que no era así.
—Mi bebé está bien —murmuró Gian.
El doncel esperaba que así fuera, porque no recordaba que realmente Yoo Chan golpeara su vientre, aunque era consciente que por las emociones de ese momento y el golpe de cuando cayó al suelo, podía repercutir en algo, más cuando hace poco fue dado de alta del hospital, sin embargo, quería creer que su bebé era fuerte y soportaría lo que tuvo que pasar menos de una hora atrás.
—Gian —habló con voz más severa Joon Ho —quieras o no vamos a ir al hospital.
—No.
El doncel se alejó más del cuerpo de Joon Ho, miró por la ventana y cruzó los brazos sobre su abdomen, aferrándose a su postura de no querer ir al hospital.
—¡¿Es que no entiendes?! ¡El bebé podría estar en peligro y tú...!
—¡Quien no entiende eres tú! —Gritó el doncel —¡si voy al hospital, van a llamar a la policía!
Gian vio como los ojos de Joon Ho se ampliaron, dejando claro que entendía lo que significaba que llamaran a la policía y, por un momento pensó que había cedido, sin embargo, cuando su boca volvió a abrirse, se dio cuenta de que no era así.
—¡¿Y qué sugieres?! ¡¿Qué nos quedemos en casa y esperemos el momento que el bebé esté muriendo para intentar salvarlo?!
Las lágrimas del doncel que habían empezado a detenerse volvieron a caer de sus ojos, porque no quería que su bebé volviera a estar en peligro y, sabía que Joon Ho tenía razón al decirle que ir a casa podría significar la muerte de su bebé, pero no quería ir al hospital, ¿para Na era tan difícil de entender de que estaba queriendo protegerlos? El doncel se sentía en un dilema, porque también quería proteger a su hijo y, “repentinamente” ya no sentía odio por Joon Ho, en realidad, no estaba seguro de si alguna vez lo sintió realmente.
—Joven —habló el taxista, dirigiéndose a Gian —sé que no es mi asunto, que debería limitarme a llevarlos a donde me piden, pero… creo que el otro joven tiene razón.
El taxista no se giró para hablar, ni los miró por el retrovisor. Había hecho un gran esfuerzo por mantenerse callado desde que entraron al taxi y cuando los escuchó discutir, pero sintió que ya no podía hacerlo más, menos cuando el joven que ahora sabía que era un doncel embarazado, seguía negándose a ir un hospital, a pesar de que era claro que necesitaba ir a uno debido a los golpes que tenía y, más todavía si estaba embarazado.
—No sé lo que ha sucedido antes, pero creo que si la vida de su bebé está en peligro, lo mejor sería que fuera al hospital —habló en un tono suave —es mejor prevenir cualquier desgracia.
A menos que quisiera que eso sucediera. Una idea que el taxista no descartó por completo, después de todo, podía notar que los dos eran bastante jóvenes y un bebé podía significar una carga si no tenían los medios para mantenerlo cuando naciera. Sin embargo, se negó a juzgarlos prematuramente.
Los labios de Gian temblaron y terminó por asentir a las palabras del taxista. Sabía que tanto él como Joon Ho tenían razón. No podía poner en peligro la vida de su bebé y seguir negándose a una revisión médica.
—Está bien —murmuró el doncel —pero no me lleve al hospital —vio como Joon Ho pareció querer hablar —quiero ir a la clínica privada más cercana que conozca.
El hombre asintió y giró hacia la derecha en la siguiente calle. El taxista no habló más con la pareja, aunque tampoco había mucho en qué intervenir, si parecía que desde que Gian decidió que iba a dejar que un médico lo revisara, decidieron ignorarse mientras veían por la ventana.
Quince minutos después estuvieron en la entrada de una clínica. Joon Ho pagó mientras Gian bajó del taxi y se quedó esperando en la entrada. Sabía que para ir a una de esas clínicas primero tenía que tener una cita, pero también conocía lo que Suji le repitió varias veces, “el dinero puede hacer milagros”. El doncel esperaba que funcionara en esa ocasión, porque no quería ir a un hospital, no en ese momento que sentía su rostro empezar a doler y, lo más seguro era que comenzara a tener moretones.
Cuando vio a Joon Ho caminar en su dirección, Gian decidió entrar en la clínica. Empezaba a odiar la sensación de seguridad que estaba teniendo ese día cuando tenía a Na a su alrededor, pero no podía dejar de relacionarlo con lo sucedido, con el hecho de que lo hubiera sacado de aquel baño en el que Yoo Chan lo tenía acorralado.
—Buenas tardes —saludó Gian.
La recepcionista levantó la mirada, parecía aburrida y lo observó de arriba hacia abajo, en una clara evaluación de que él no era un cliente recurrente de esa clínica.
—Buenas tardes —respondió ella con desdén —¿en qué puedo ayudarlo?
Aquella última pregunta más pareció parte de un guion aprendido que realmente porque quisiera atenderlo, sin embargo, Gian no se inmutó.
—Quería saber en qué planta está el obstetra —respondió serio —tengo una cita.
La mujer pareció evaluar la veracidad de sus palabras y Gian quiso bufar, no estaba de humor para que lo miraran como un bicho raro y, si antes pensó en conseguir una cita para el obstetra con la recepcionista, solo bastó el intercambio de unas cuantas palabras para que se diera cuenta de que no iba a lograrlo, porque ella ya lo había catalogado como un vagabundo que no podía pagar una cita en esa clínica, por lo que, si no podía conseguir una cita con ella, podía hablar directo con el médico o con su enfermera personal, pero de que lograría una cita para ese día, lo haría.
—Quinta planta —dijo ella todavía con duda.
—Gracias.
Gian se giró y observó a Joon Ho, que había mantenido una distancia prudente mientras él hablaba con la recepcionista. No le prestó mucha atención a la mujer, aunque fue consciente de que el guardia en la puerta se acercó a ella. Supuso que después de todo no le había creído que tenía una cita y no la culpaba, porque seguro que lucía terrible, porque no solo eran los golpes que se podían ver en su rostro, sino que su uniforme del instituto estaba sucio.
Gian terminó de comprobar que lucía desastroso luego de entrar en el ascensor y de que las puertas se cerraron, porque en el espejo de este pudo notar que su cabello estaba suelto y no recogido como siempre solía llevarlo, además de que su pómulo izquierdo estaba morado, su labio roto y su otro pómulo tenía un pequeño corte. Su ropa estaba toda desalineada y sucia.
Gian se lamentó de no llevar su chaqueta, para intentar al menos ocultar un poco las manchas de su camisa por haber sido arrastrado por el suelo del baño.
Ahora sentía que entendía a la recepcionista y que desconfiara tanto de él, porque si hubiera estado en su lugar y viera a alguien luciendo como él lo hacía, probablemente también desconfiaría, más si era evidente de que en esa clínica no parecían estar acostumbrados a recibir a personas que se vieran como si acabaran de salir de una riña callejera y, que en mitad de esta recordó que tenía cita con el obstetra.
Cuando finalmente llegaron al piso indicado, Gian se vio sorprendido por la mano de Joon Ho que tomó su muñeca y como si conociera el lugar, lo guio por el pasillo hasta detenerse en una puerta que decía “Doctora Kim” y bajo el nombre se leía “obstetra”. Na no dudó en el momento que sus nudillos golpearon la puerta.
Gian miró a su alrededor en busca de alguna enfermera, porque su intención no era ir a imponerse a la obstetra para que lo atendiera, sin embargo, no vio a ninguna cerca, pero sí pudo escuchar la voz de la doctora desde el interior del consultorio dando permiso para que entraran.
Como hizo minutos antes, Joon Ho abrió la puerta y fue el primero en entrar. Su mano no soltó en ningún momento al doncel que lo siguió de cerca. Realmente si otra fuera la situación, habría buscado alejarse, pero en ese instante, no le dio importancia.
—Buenas tardes, doctora Kim —saludó Na.
—Joon Ho —dijo la doctora —que sorpresa.
La obstetra se levantó de su silla, rodeó el escritorio y abrazó a Joon Ho. Su acción no solo tomó por sorpresa a Na, sino al doncel a su lado, porque no sabía que ellos se conocían. Lo que lo hizo sentir un poco incómodo.
La doctora se separó y lo miró con una cálida sonrisa.
—¿Cómo has estado? —preguntó ella —no te hemos visto por casa por mucho tiempo.
La doctora Kim, era la madre de uno de sus amigos, no de los actuales del instituto, sino de los que ya estaban en la universidad. Como se alejó de ellos por todo el tema de los estudios e intereses diferentes, no la había visto en un largo tiempo.
Joon Ho sonrió incómodo.
—¿Qué te trae por mi consultorio?
La doctora le dio un vistazo rápido a Gian. Un pequeño gesto que a Joon Ho le dijo que ella sabía para lo que estaba ahí. Se aclaró la garganta y, finalmente, soltó la mano del doncel y se frotó la parte posterior del cuello.
—Bueno… eh… nosotros… uh… hay alguien que necesita hacer una consulta con un obstetra.
—¿Alguien? —inquirió la doctora con una sonrisa amigable.
—Uh… sí, él… bueno… es mi…mi…
—Buenas tardes —interrumpió Gian en voz baja.
El doncel no estaba seguro de cómo Joon Ho lo iba a presentar, si como su esposo, su pareja o simplemente un compañero de clases, pero su indecisión le estaba haciendo sentir más incómodo, por esa razón lo interrumpió, porque ahora que sabía que la doctora conocía a Na, realmente no quería estar ahí, no obstante, no deseaba buscar otra clínica u otro médico para que lo revisara.
La doctora Kim observó a Gian y sus ojos se ampliaron por la sorpresa, porque ahora podía notar cosas que momentos atrás no lo hizo, como los golpes en el rostro del doncel y cómo lucía. Se contuvo de hacer cualquier comentario que se saliera de su papel de médico, a pesar de que su instinto protector estaba a flote.
—Buenas tardes —dijo ella en un tono amable —¿tú eres…?
—Gian —se presentó el doncel —no tenemos una cita médica —fue sincero —pero creemos que es necesario tener una revisión. Prometo pagar todo lo de la consulta, solo…
—Pasa, Gian. Siéntate.
La voz de la doctora Kim fue amable, en un intento de que el doncel se sintiera cómodo. Ella intentó mostrarse lo más profesional posible cuando tuvo a la pareja frente a él y le empezó a hacer las preguntas de rutina para poder llenar su ficha médica. Sin embargo, cuando preguntó por la relación que tenía con la persona que lo acompañaba, todo el ambiente que empezaba a ser cómodo desapareció, mientras la palabra “esposo” quedó flotando en el aire.
Para Gian no pasó desapercibida la expresión de sorpresa en el rostro de la doctora cuando dijo que Joon Ho era su esposo, ni como este se movió incómodo en su silla y, si la situación fuera otra, quizás lo habría disfrutado porque no siempre podía ver a Na en esa situación, no obstante, en ese momento, él mismo no estaba cómodo.
A pesar de su sorpresa, la doctora no hizo ninguna pregunta personal que no fuera necesaria dentro de la consulta. Fueron esos detalles que hicieron que Gian considerara que tal vez lo mejor era que ella llevara el control de su embarazo, después de todo, parecía alguien confiable y no entrometida. Incluso cuando estuvieron a solas detrás de la cortina que dividía el consultorio, su expresión amable no cambió.
—Aquí está —dijo ella mirando la pantalla.
A diferencia del primer ultrasonido, Gian ahora sabía cómo reconocer a su bebé en la pantalla. Este todavía se veía frente a sus ojos como un punto, uno un poco más grande que la primera vez que lo vio. Mientras veía la pantalla, el doncel se sintió agradecido de que Joon Ho no quiso estar presente mientras le hacían el ultrasonido, porque sentía que ese era un momento solo de él y su hijo, por muy egoísta que eso pareciera.
—El bebé está bien —dijo la doctora.
—¿Puede haber algún riesgo de aborto?
Gian dio un pequeño salto cuando escuchó la pregunta. Volvió su mirada hacia la cortina y vio a Joon Ho asomándose por esta. Na tenía los brazos cruzados y lucía serio mientras esperaba la respuesta de la doctora.
—Hace poco Gian estuvo internado porque tuvo amenazas de aborto —informó Na —no queremos que el bebé corra algún riesgo.
La doctora le dio a Gian una toalla desechable para que limpiara su abdomen mientras ella respondía a las preguntas de Joon Ho, diciéndole que sobre todo en los primeros tres meses de embarazo, los abortos espontáneos eran un riesgo, además de que si el doncel ya había tenido amenazas de aborto, debía de ser más cuidadoso, mantenerse en reposo tanto como fuera posible y asistir a sus controles médicos sin falta alguna.
La doctora explicó todo de una manera que no sonara abrumadora para los jóvenes, después de todo, entendía que eran padres primerizos y los temores iban a estar presentes, por lo que no quería llenarlos de más miedos, pero también sabía que debían de estar bien informados para evitar cualquier riesgo de perder al bebé.
Gian todo lo que pudo entender de todo eso, era que, tendría que estar en reposo más tiempo y tomar una serie de medicamentos que eran buenos para el bebé.
—En el rostro —dijo la doctora mientras escribía la receta —¿qué te sucedió?
Eso había sido algo que quiso preguntar en el primer momento, pero ya que los jóvenes guiaron la conversación al tema del bebé, que era el asunto que más les importaba, lo dejó pasar, pero ahora no podía seguir haciéndolo.
—Estuve en el momento y lugar equivocado —respondió Gian sin querer entrar en detalles.
—Lo golpearon —intervino Joon Ho —de hecho, fue la razón por la que vinimos a una consulta, porque teníamos miedo de que algo sucediera con el bebé.
La mirada de la doctora que todo el tiempo había sido comprensiva, se volvió severa al escuchar lo que había sucedido.
—Debieron informarme eso antes —respiró profundo —te daré también algo para esos golpes.
Mientras escribía y daba las indicaciones sobre los medicamentos, la doctora también dio nuevas instrucciones sobre el cuidado de Gian, aunque hubiera preferido que este se quedara en observación en la clínica para prevenir cualquier accidente, sin embargo, entendió que el joven no deseaba hacerlo, además de que todo con el bebé por el momento parecía estar bien.
Si la situación hubiera sido otra y estuvieran solos, Gian le hubiera dicho a Joon Ho que no tenía que inmiscuirse en sus asuntos, porque él sabía cómo cuidarse los golpes, después de todo, era uno de los responsables de que tuviera práctica en eso, pero por ese día decidió dejarlo pasar, ya que no era el lugar ni el momento para hacerlo.
—Gian —llamó la doctora cuando estaban por salir del consultorio — si quieres que tu bebé esté bien, no más lugares ni momentos equivocados.
El doncel asintió y salió del consultorio, sin embargo, Joon Ho no lo siguió de inmediato, sino que se quedó un momento más en la puerta, hablando en voz baja con la doctora. Cuando Joon Ho se reunió con Gian frente al ascensor, parecía un poco más relajado.
—Ella dijo que no debemos pagar esta consulta —informó Joon Ho —claro que si sigue siendo quien lleva tu embarazo, las siguientes consultas sí debemos pagarlas.
Gian no respondió cuando entraron al ascensor. Realmente le pareció extraña la manera de Na de comportarse frente a la doctora, porque con ella se veía tan dócil, muy diferente a cómo se comportaba con Geum Hee. Por lo poco que había podido ver, la mujer era alguien importante en su vida, la razón no la sabía y, no estaba seguro de querer hacerlo.
Se suponía que Gian nunca había visto antes a la mujer, no obstante, mientras más la veía en la consulta, se dio cuenta de que era la misma mujer que aparecía en sus sueños, solo que ahora no estaba rodeada de plantas, inciensos y altares. El doncel no entendía la razón de que hubiera aparecido en sus sueños si no la conocía, pero intentó no prestarle mayor atención cuando todo el asunto del bebé era lo único que le importaba.
Al llegar a la recepción, la mujer que los atendió antes todavía estaba sentada detrás de su escritorio y, cuando dejaron el ascensor, los siguió con la mirada hasta que salieron del edificio, casi como si esperara que hicieran volar el lugar en mil pedazos o que empezaran un atraco de la nada. Toda la situación fue molesta, sin embargo, la pareja decidió ignorarla porque no valía la pena pelear con una mujer que se dejaba llevar por sus prejuicios.
Afuera del edificio había una ligera lluvia y, tal vez podían regresar al interior hasta que esta pasara, no obstante, ninguno deseaba quedarse a recibir las miradas de la recepcionista.
El doncel se abrazó a sí mismo cuando el viento húmedo lo golpeó.
—Toma —dijo Joon Ho.
Sorprendido, Gian miró la chaqueta que fue extendida frente a él.
—No la necesito.
El doncel empezó a caminar hacia la calle para buscar un taxi, sin embargo, la mano de Joon Ho tomando su muñeca, no le permitió avanzar demasiado.
—No lo hago por ti —gruñó —lo hago por el bebé —miró hacia otro lado —si enfermas, el bebé estará en peligro.
A pesar de que no quería aceptar la chaqueta, cuando las palabras “bebé” y “peligro” estaban juntas, parecían motivar a Gian para hacer cosas que no quería, por lo que al final terminó aceptando usarla, además de quedarse bajo el techo como Joon Ho le indicó mientras él conseguía un taxi.
La lluvia no era fuerte, pero con todo el tiempo que Joon Ho se demoró en conseguir un taxi ya que todos los que pasaron estaban ocupados, su camisa se mojó hasta volverse traslúcida y se pegó a su piel. Gian casi estaba seguro de que los taxis no se detenían por como Na estaba luciendo, porque nadie querría llevar a un hombre empapado, pero claramente se equivocó, ya que luego de muchos intentos, un taxi al fin se detuvo.
—Con cuidado —indicó Joon Ho cuando lo vio correr hacia el taxi para no mojarse.
Gian saludó al taxista al ingresar y dictó la dirección de su casa. Su mirada se posó en Joon Ho que subió a su lado. Su rostro no lucía molesto ni se estaba quejando por haberse mojado, pero a pesar de eso, el doncel se quitó la chaqueta y se la extendió de regreso a Na, que frunció el ceño al ver su acción.
—Ya te dije que…
—Ya estamos dentro del taxi —interrumpió el doncel —no voy a enfermarme, en cambio tú estás empapado.
Gian agradeció mentalmente cuando Joon Ho tomó la chaqueta, porque no pensaba insistir si este se negaba, no obstante, le preocupaba que pudiera enfermarse. El doncel apartó la mirada cuando vio a Na quitarse la camisa para colocarse la chaqueta. En cambio dirigió su atención al conductor para pedirle que por favor encendiera la calefacción.
Al llegar a casa, el ambiente cómodo que había llegado a formarse como un pacto, desapareció. Gian luego de pagar el taxi, porque se negaba a que Joon Ho lo pagara otra vez, entró a la casa, subió a su habitación y se encerró en esta. Después de cambiarse por ropa cálida y limpia, se sentó en su escritorio y sacó su álbum, en el que pegó la fotografía del ultrasonido y bajo este escribió: “Papá hoy nos defendió. Papá hoy se preocupó por ti”.