Benjamín liberó los labios de Nick con más dificultad de la que creyó posible, suspiró cuando Nick escapó del auto y lo veía correr al edificio. —¿Qué es lo que tienes, Nick, que me hace perseguirte de esta manera? —se preguntó bajando la cabeza sobre el volante. Benjamín jamás en sus treinta años de vida se había arriesgado tanto por un hombre; jamás había besado a nadie dentro de su auto. Sus encuentros habían sido privados, tan planificados que ninguno resultaba ser satisfactorio por la misma razón. No había nada espontáneo, nada era natural en sus citas o relaciones. Todo parecía un show bastante armado. Nick Turner, por el contrario, era como un veneno que fue consumiendo en pequeñas dosis y ahora estaba completamente intoxicado de él. Benjamín no quería renunciar a eso que sentí

