Durante el cuarto y quinto mes de embarazo todo había sido como una montaña rusa, era como si Harry me quisiera a mí, solo a mí y no al bebe. ¿realmente podía vivir asi? –Harry, quiero un perro– replique al ver como todos los perritos se juntaban en la película que veiamos. –estas loca– rio.– ya viste que son como plagas– señalo a la pantalla. –pero quiero uno– acaricie su mejía. –tu limpiaras su desastre?– me miro con diversión. –si, Harry por favor– suplique. –no– dijo y subió mas volumen a la película.– mejor come mas palomitas– me ofreció el tazon. –no quiero comer eso– bufe. –entonces que quieres?, aparte del perro– añadió. –quiero helado de fresa– replique. –hay de chocolate en la nevera, ¿quieres?– negué con la cabeza, mi estomago pedia helado de fresa. –dije de fresa–

