—Si ya terminaste… — dijo silenciosamente. Lisa levantó los ojos para encontrar sus dedos empujando una brocheta de dango mitarashi hacia ella. Suspiró, intentando no notar la tibia y confusa sensación flotando en su abdomen. No era nada especial; la conocía desde hace casi 20 años… por supuesto que sabía lo que le gustaba comer… —Gracias. —Respondió suavemente, tomando el postre. —Y gracias por el almuerzo en general. Tal vez comprarle el dango fue un error, pensó mientras la veía envolver los labios alrededor de la brocheta para jalar una de las pequeñas bolas hacia su boca. Sabía que no había ocultado sus pensamientos indecentes lo suficiente cuando ella levantó los ojos para ver los de él y con prontitud se sonrojó. Lisa no se había dado cuenta que comer dango podría ser s****l has

