El tipo que me atacó aún sigue mirándome, y parece dispuesto a continuar con la pelea. Sin embargo, antes de que pueda reaccionar, el otro hombre, el de los ojos rojos, grita con furia: —¿Qué mierda crees que estás haciendo? El hombre del cabello verde, al parecer, me había secuestrado con el objetivo de... bueno, lo que sea que pensara hacer, pero esto está fuera de control. El de los ojos rojos se acerca a mí, y su tono no deja lugar a dudas: quiere protegerme, o al menos impedir que lo violen. —Señor, ella... quería escapar —dice el otro tipo, bajando la cabeza, como si esa excusa fuera suficiente para justificar lo que casi sucede. Me quedo en silencio, mirando a los dos hombres, temblando, pero ya no de miedo, sino de rabia. —¡Siii! —digo con sarcasmo—. Si escapar es evitar que m

