CAPITULO NUEVE "Eres mía y yo soy tuyo. No hay nadie más, nuestras almas no pueden negar esa verdad", juró Ronan. El corazón de Pema se aceleró por el pánico y el miedo tanto como por la excitación. Era como si su cerebro hubiera decidido tomarse unas vacaciones y permitir que su cuerpo traidor ejecutara el espectáculo por el momento. Indefensa, ella se inclinó hacia él mientras él deslizaba su mano por la curva de su pecho, burlándose de ella. "Y planeo enterrar mi polla tan profundamente dentro de ti que no sabemos dónde yo termino y comienzas tú", retumbó mientras le pasaba la lengua por el cuello. "Diosa, ayúdame..." Pema nunca terminó su súplica. Ronan aplastó su boca sobre la de ella, con un beso tan ardiente y contundente que ella estuvo completamente a su merced. Él tomó el cont

