En el tiempo indicado fui al cuarto de Miriam, ella estaba con dos muchachos a los que yo no conocía pero que estaban muy atractivos, se veían varoniles y guapos, cualquier mujer se hubiera sentido feliz de darle las nalgas a cualquiera de ellos, me cai si no. Me los presentó y ella dio la orden de que accionaran. Miriam me despojaba de la ropa con tranquilidad, mientras que, los dos muchachos comenzaban a desvestirse también, a uno de ellos yo le ayude a despojarse del pantalón. La visión de nuestros cuerpos desnudos y bien proporcionados, nos excitaba, sus miembros comenzaban a pararse tomando enormes proporciones. Ambos poseían una descomunal pinga parada. Uno de ellos me abrazo para besarme, mientras el otro me tomaba por la cintura y acercaba su reata a mis nalgas redondas, que

