Marie abrió los ojos mucho más aquella tarde de cielo púrpura. —¿Esto es en serio? —exclamó, mostrando sus dientes en una súper amplia sonrisa. —Pues, sí —contestó a gusto Lee, mirándola de reojo aunque sin ser tan escandaloso—. ¿Te gusta? —Me va a gustar mucho más cuando monte en ella —expresó ella caminando sobre el pavimento de aquella desierta carretera de Texas—. Mira qué majestuosa se ve —se hizo a un lado de la moto de carreras color n***o que seguía con el motor apagado, estacionada en medio de la carretera—. Me, encanta —volteó a verlo, riéndose—. ¿Qué somos, un par de adolescentes hormonales? Lee, con las manos metidas dentro de los bolsillos de su chaqueta de cuero n***o, se encogió de hombros. —Cuando cumplí los 21 tenía una moto, pero en ese momento no tenía ti

