Capítulo 34. El fin de una ilusión. Sueños rotos.

1578 Palabras

Rosella llegó a la mansión con paso decidido. Era la primera vez que iba allí. El frío de la mañana la envolvía, pero no sentía el clima, solo el peso de sus pensamientos. Tocó el timbre y, tras unos instantes, una de las señoras de servicio abrió la puerta con una sonrisa amable. —Buenos días, señorita. ¿En qué puedo ayudarla? —Estoy buscando a Angello. ¿Está aquí? ¿Puede decirle que lo estoy buscando? —expresó la chica con amabilidad. La señora asintió y la hizo pasar a la sala. —Por favor, tome asiento. Iré a avisarle que está aquí. Rosella apenas pudo sentarse. Su mente seguía llena de confusión y tristeza. Los mensajes de Alberta seguían retumbando en su cabeza, y cada vez que pensaba en Esteban, la mezcla de rabia y desesperación la invadía. Pero ya había comprendido todo, esa d

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