Esteban tragó saliva, nervioso y excitado a la vez. Rosella mantuvo su fachada de control mientras se subía a horcajadas sobre él. Su cuerpo tembló ligeramente bajo la superficie de su piel. Quería transmitir seguridad de que era una mujer de mundo, lograr un control que nunca había tenido e intimidarlo para que desistiera de ese absurdo. Sin embargo, mientras lo miraba a los ojos, notó algo que la desestabilizó por completo. Esteban no parecía intimidado. Muy, por el contrario, la excitación en su mirada y en el bulto que se le hizo debajo de su pantalón, era evidente, y eso la llenó de pánico. De pronto, la sensación de poder que había intentado proyectar comenzó a desmoronarse. Intentó moverse, levantarse, pero su cuerpo no respondía como esperaba. Esteban, al notar su cambio, la suje

