El aire fresco de la mañana los envolvió cuando salieron de la clínica. Esteban se detuvo por un instante, respirando hondo, como si quisiera grabar en su memoria cada detalle de ese momento. Observó de reojo a Rosella mientras caminaban hacia el auto. Ella sostenía las imágenes de la ecografía entre sus manos, con una expresión indescifrable, casi distante, como si aún no pudiera procesar todo lo que acababan de vivir. —Rosella, —dijo Esteban, deteniéndose junto al coche. —¿Te gustaría desayunar conmigo? La pregunta la tomó por sorpresa. Rosella lo miró a los ojos, tratando de encontrar alguna trampa escondida en su ofrecimiento. No era habitual que Esteban le pidiera algo con tanta... ¿Humildad? Había sinceridad en su mirada, y algo que parecía una esperanza tímida, algo que nunca

