Rosella ajustó su uniforme de limpieza y miró el reloj. Había llegado temprano, lista para retomar su puesto de limpiadora en la empresa, pero una inquietud en su pecho no la dejaba en paz, es como si algo estuviera a punto de pasar. En el pasado, esa oficina, le pareció simplemente un lugar donde cumplir con su deber; ahora, con todo lo que había pasado, le parecía un refugio para tratar de poner en orden sus pensamientos. Los susurros en la empresa la sorprendieron al pasar por el área de oficinas. Dos de sus compañeras, Martha y Carmen, cuchicheaban de una forma que parecía contenida, pero urgente. —¿Te has enterado? —decía Martha, con los ojos como platos—. Llegó el otro socio. Ya sabes… el serio, el gruñón. Carmen asintió, susurrando en respuesta, —Sí, y dicen que es intransigen

