BLAIR Camino rápido. No, no camino: casi corro. Mis tacones golpean el piso del pasillo como si fueran latidos desacompasados de un corazón moribundo. Mi corazón. —Blair, cálmate —me digo en tono bajo, pero es imposible. Todo se mezcla con la imagen que acabo de ver al abrir esa puerta. El olor, los gemidos, la piel, la respiración acelerada de dos personas que jamás pensé ver juntas. Que jamás pensé ver así. Que jamás pensé ver delante de mí. —No pienses en eso —susurro para mí misma mientras avanzo por el pasillo alumbrado solo por luces amarillentas. Todo se siente más afilado, más frío, más real. Las sombras se estiran a mi paso, distorsionando mi figura arrogante. Mi garganta duele. Literalmente duele. No sé si es la bilis o el orgullo desgarrándome desde adentro. Mis pasos se

