BLAIR Salgo de mi ensoñación, la realidad golpea mi rostro de manera brutal, todo sucede tan rápido, que me cuesta procesar lo que acaba de ocurrir, la información que recibí, y por supuesto, el juego en el que me adentré con Rubin, quien tira con más fuerza de mi brazo, llevándome hasta unas escaleras que subimos a velocidad. Estando sobre la plataforma que rodea el centro del conservatorio, me doy cuenta de algo. —Mierda —me detengo. Rubin voltea a verme y me fulmina con sus ojos negros. —Muévete, no tardarán en llegar —demanda. —Mis bragas —me agito y me asomo por el balcón, ignorando su petición. Contengo la respiración al encontrarlas tiradas a un costado de la mesa. Rubin se asoma a la par conmigo, no dice nada, no hace falta, su silencio significa lo mismo que el mío. —

