BLAIR El silencio dentro del conservatorio es tan espeso que parece tangible, el aire huele a polvo antiguo, a metal frío, a ese leve aroma que deja la noche cuando se cuela por las rendijas de las ventanas. Guardo el celular despacio, como si ese gesto simple pudiera borrar lo que acabo de hacer: mentirle a Levin. Otra mentira más, una más entre todas las que cargo como joyas invisibles sobre el cuello. —Listo —murmuro, tratando de sonar distraída, normal. Cuando levanto la mirada, me encuentro con los ojos negros de Rubin, fijos en mí, silenciosos, inquisitivos, incómodamente seguros, no parpadea, no sonríe, no dice nada, solo me observa con esa calma que no tiene nada de paz. Siento que su mirada me disecciona, buscando en mi rostro alguna grieta por donde escapar mi verdadero nombr

