Samuel se dejó caer en el asiento del coche, cerrando los ojos por un momento mientras exhalaba profundamente. El frío cuero bajo sus manos le ofrecía una estabilidad que no sentía en su interior. Había dicho todo. Había expuesto un rincón de su alma que ni siquiera él se atrevía a mirar demasiado tiempo. Y aunque eso le daba cierto alivio, la sensación de vulnerabilidad lo desgarraba por dentro. Su pecho subía y bajaba con fuerza. Al tocarse, sintió cómo su corazón latía descontrolado, golpeando con un ritmo errático. Cerró los ojos, buscando calmarse. Pero las palabras que había dicho seguían ahí, resonando en su mente, tan claras como cuando las había pronunciado. No quería pensar más en ello, y menos aún considerar si alguna vez había mirado a Mason como una víctima. Era un pensam

