Había llegado a Delmor. Cada movimiento del vehículo parecía empeorar el dolor punzante en su rostro, resultado de la pelea con Mason. Su mandíbula y el arco de su ceja dolían de forma aguda, pero lo que más le molestaba era la rabia que seguía ardiendo en su pecho. La imagen de Mason defendiéndola, llamándola su novia, era una provocación que no podía quitarse de la cabeza. —Estúpido bastardo… —murmuró entre dientes, cerrando los ojos mientras inclinaba la cabeza hacia el respaldo. El chofer lo dejó en el hospital, donde un médico le atendió de inmediato, no quería que aquello se alargara, porque dentro de un par de días era su boda… y no pretendía aparecer en ese estado. Samuel permaneció en silencio mientras limpiaban los cortes en su rostro y le revisaban los nudillos magullados.

