Richard hizo acopio de toda su fuerza de voluntad para no correr hacia Brooke antes de dispararle a la rata de Paul. Moría por tocarlo y asegurarse de que no estuviera herido, pero no podía dejar que sus emociones lo dominaran. Era ahora el momento de mostrarse sereno y atrapar a Paul de una buena vez y terminar con todo esto para siempre. —Eso es todo, Richard —pronunció Benjamín, entrando y parándose junto a su compañero. —Voy a matarlo —gruñó él, sin apartar la mirada furiosa y fría del hombre. Las piernas de Paul sangraban por los dos tiros recibidos. El tipo se arrastró hasta llegar a la pared, apretando los dientes, resistiéndose a gritar, pese al dolor que sentía en ambas piernas. —No, la muerte es un regalo para este tipo y no pienso darle paz tan pronto —aseguró Benjamín, dán

