Gary apretó los puños, se levantó y tomó a Yeremi por el cuello. —Mantén tus manos y tus pensamientos lejos de él —le gruñó. La tensión que manaba de él debió bastar para que Yeremi se echara atrás con sus intenciones; sin embargo, era un amante del peligro y más que una advertencia, para él fue una invitación. Una competencia y Brooke era el premio mayor. —¿Cómo harás para evitar que piense en él o que lo busque? —lo retó. Gary lo levantó de la silla y lo lanzó hacia la puerta. —No te atrevas a cruzarte en su camino, Yeremi. En esta vida te puedo perdonar hasta la cosa más estúpida, pero jamás te perdonaré si te acercas a él. Yeremi sintió el enojo en sus entrañas, tenía deseos de contradecir a su hermano y prometerle que se quedaría con Brooke, pero no era idiota y Paul tampoco le

